Ningún pensamiento es más peligroso para nuestras vidas que la creencia errónea de que un hombre es un individuo. Para empezar, compite consigo mismo a nivel biológico. Sus deseos y necesidades a menudo entran en conflicto. Ansía placeres que más tarde le traerán dolor. Este autosabotaje es posible porque su yo futuro no es algo que reconozca conceptualmente como "él", pues de lo contrario ¿por qué habría de hacerse daño a sí mismo? El "él" presente es, por tanto, muy ajeno a su yo futuro.
Pero a un nivel más fundamental, la unidad no es absoluta. Lo que él considera su alma o ethos está dividido por la realidad fisiológica. El órgano más esencial, el cerebro, está compuesto por los hemisferios derecho e izquierdo, unidos por el cuerpo calloso. Aun así, uno podría asumir que esta conexión biológica conducirá a la armonía entre creencia y acción. En última instancia, no es uno, y él tampoco lo es.
Sería más preciso conceptualizar al hombre como una unidad fracturada, con muchas partes o "almas" en competencia. Estas son las actitudes y creencias que un hombre adquiere a lo largo de su vida. Usualmente, son pensamientos contradictorios que luchan entre sí, intentando afirmar su dominio en su mente. Por ejemplo, el ejercicio contra la gula, el egoísmo contra el altruismo.
Estas creencias deben ser compatibles con su psicología fundamental—lo que él cree ser. Si ha sido católico toda su vida, entonces ciertas filosofías liberales deben ser rechazadas. Por lo tanto, todo lo demás se filtra a través de su percepción católica. Sin embargo, también sostiene principios de compasión y misericordia, así que ¿no es justificable sacrificar ciertas creencias católicas por una aceptación liberal más abierta? Tales batallas ideológicas tienen lugar diariamente dentro de la propia mente.
La revolución dentro de sí mismo ocurre a través de tres categorías: Apetitos—sus deseos, usualmente impulsivos; Creencias—su modo actual de pensamiento; Creencias aspiracionales—creencias de las que se ha convencido que tiene o debería tener, tales como compasión, misericordia, etcétera.
Si un hombre fuera una unidad única, no habría desarmonía entre estas tres categorías. Todas sus acciones estarían orientadas a maximizar su supervivencia y éxito. Sin embargo, ansía sustancias o alimentos dañinos. Se encuentra en relaciones poco saludables que se niega o no puede abandonar. Tiene ciertas creencias aspiracionales pero carece de la motivación para actuar en consecuencia.
Por qué la desunión interior del hombre es tan peligrosa es porque lo vuelve vulnerable al ataque externo o a la propaganda. Su apetitos y creencias pueden ser convertidos en armas contra él por razones monetarias, sociales o políticas.
He hablado antes sobre familias fuertes. Esto no puede existir sin individuos unificados. Un hombre no tiene esperanza de superar sus circunstancias opresivas si no puede poner fin a la revolución dentro de sí mismo.
El cuerpo calloso, que conecta ambos hemisferios del cerebro, sirve como una metáfora literal del alma y su obligación de equilibrar la naturaleza dividida del hombre. Sus apetitos y creencias bajo el gobierno de un alma beneficiarían a sí mismo y a su familia. Sería impermeable a la adoctrinación y tomaría decisiones tanto para su yo presente como futuro. El puente, entonces, entre pasado y futuro convergiría en un único punto de acción. Ese es el momento de fusión sobre el cual se construye el éxito.
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